
La gasolina sube la cuesta arriba más rápido que la baja
10/3/2026 ― Hoy he ido a poner gasolina y me he encontrado con el precio disparado a 1.70 euros el litro. Me dicen que se debe a la subida de ayer del barril por la guerra de Irán. El problema es que tengo memoria y me acuerdo de que, siempre que el barril ha bajado, las petroleras han tardado un mes en ir reduciendo los precios.
Ellos ―las productoras― alegan que sus depósitos están llenos y hasta que no los vacíen no podrán repercutir la bajada en los precios al público. Pero claro, con las subidas siempre les pilla con el paso cambiado.
Por otra parte, Pedro Sánchez y toda la banda de ultra izquierda que nos gobierna quieren tomar medidas paliativas para reducir el impacto de la guerra de Irán, pero no saben qué hacer, ¿y si empiezan por reducir el 50% de impuestos que le imponen a la gasolina?
No sé tú, pero creo que los políticos nos toman por gilipollas. A ver si resulta que tienen razón.
Feliz día.
Análisis sobre el impacto de la guerra de Irán en la gasolina
Mi denuncia sobre el precio de la gasolina no es solo una queja puntual por un repostaje caro. En realidad, manifiesto un fenómeno mucho más amplio y repetido en la vida pública: la tendencia de los políticos a reaccionar ante los problemas con mucho ruido mediático, muchas declaraciones y pocas soluciones reales.
Cuando surge una crisis ―ya sea el precio de la energía, la inflación o cualquier otro problema económico― lo primero que aparece es una avalancha de explicaciones, ruedas de prensa y mensajes tranquilizadores. Los gobiernos suelen señalar causas externas: la guerra de Irán, el mercado internacional, decisiones de otros países o circunstancias imprevistas. Y es cierto que muchos problemas tienen un origen global. Sin embargo, el ciudadano percibe que, mientras se multiplican las explicaciones, las decisiones concretas que podrían aliviar la situación se retrasan o se esquivan.
En el caso de los combustibles, esta realidad se repite con frecuencia. Cuando el precio del barril de petróleo sube, el incremento en el surtidor suele ser rápido. Pero cuando baja, el descenso parece mucho más lento. Las empresas alegan cuestiones logísticas ―depósitos llenos, compras previas a precios más altos― y probablemente parte de esas explicaciones tenga fundamento. Aun así, los españoles percibimos una asimetría evidente: las subidas llegan rápido y las bajadas despacio.
El engaño político se ha establecido de forma perenne en España
Ante esa percepción, los españoles esperamos que los gobiernos actúen con claridad. Sin embargo, muchas veces la respuesta política se mueve más en el terreno del discurso que en el de la acción. Se anuncian «medidas paliativas», se crean comisiones de estudio o se promete evaluar la situación. Todo eso genera titulares, pero rara vez aborda la raíz del problema de forma directa.
Esto provoca una creciente desconfianza ciudadana que se proyecta con el voto a Vox. Cuando las personas sienten que las soluciones evidentes ―como revisar la carga fiscal o modificar ciertos mecanismos del mercado― ni siquiera se ponen sobre la mesa con seriedad, aparece la impresión de que la política se ha convertido más en un ejercicio de comunicación que en una herramienta para resolver problemas.
El resultado es un mantra conocido: el problema surge, los políticos hablan mucho, los periodistas y medios amplifican el debate y, pasado un tiempo, la situación se normaliza sin que nadie haya afrontado realmente el fondo del asunto.
Por eso, denuncias como la mía intentan cuestionar el engaño establecido. No tanto por el caso concreto de un repostaje caro, sino porque recuerdo algo esencial en una democracia: los ciudadanos esperamos menos discursos y más decisiones claras cuando los problemas afectan directamente a nuestro bolsillo y a la vida cotidiana.
Así lo pienso y así lo digo. – Juan Vte. Santacreu
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